LECTURA DEL EVANGELIO DE JUAN

Dice la Biblia que muchos son los llamados pero pocos los escogidos, y os quiero recomendar que hagáis contacto directo con Cristo, con Dios y el Espíritu Santo.

Os voy a ahorrar tiempo o más bien os voy a recomendar que no perdáis el tiempo en andar hacia Dios si os está llamando. Nadie va a Cristo sin que el Padre Celestial lo haya atraído hacia sí.

Este artículo no es mundano, así que mejor no lo tomes a lo mundano como la mayoría de cosas que has podido leer, incluso hay gente que lee la biblia en lo mundano. Pues no, os estoy contando otra cosa bien diferente a lo mundano.

Leed el Nuevo Testamento, mi recomendación es que lo empecéis. El evangelio de Juan no está el primero entre los evangelios, de hecho es el cuarto de los cuatro. Pero os recomiendo que vayáis al evangelio de Juan el primero, y después os vais al principio del Tuevo testamento y lo leéis entero, y no tardando mucho tiempo sino comprendiendo y pidiendo al Padre Celestial por la comprensión y Su Espíritu Santo.

Lo que voy a hacer en este artículo es dejar aquí el evangelio de Juan, para que los que no tenéis una biblia o no sepáis bien qué tipo de biblia leer os lo dejo aquí. Una advertencia si que quiero hacer antes, NO COJÁIS LA BIBLIA DE LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ (La traducción del nuevo mundo), porque está trucada, cambiada y ni siquiera dijeron los nombres de los traductores, mucha gente no se entera pero lo que hay en los testigos de Jehová es satanismo encubierto, y la tumba de su creador que es una pirámide llena de símbolos illuminati, masones, templarios y satánicos lo revela muy claramente PERO HAY GENTE, TESTIGOS DE JEHOVÁ QUE ESTÁN CIEGOS, LEEN UNA BIBLIA QUE NO ACCEDE AL ESPÍRITU SANTO, tampoco leáis la de los mormones.

Voy a poner aquí el evangelio de Juan, es de la biblia de Jerusalén. Sí, vale, he cogido una biblia “católica” aunque no sigo el catolicismo, tampoco el protestantismo, sigo a Cristo, y la religión de Dios, pero esta biblia me vale:

(he añadido hasta el capítulo 6, No me ha dado tiempo a más, después lo pongo completo

EVANGELIO SEGÚN JUAN:

CAPÍTULO 1

1 En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.
2 Ella estaba en el principio con Dios.
3 Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe.
4 En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres,
5 y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.
6 Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan.
7 Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él.OY
8 No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz.
9 La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.
10 En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció.
11 Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.
12 Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen
en su nombre;

13 los cuales no nacieron de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nacieron de Dios.

14 Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su
gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.
15 Juan da testimonio de él y clama: «Este era del que yo dije: El que viene detrás de mí se
ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».
16 Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia.
17 Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por
Jesucristo.
18 A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha
contado.

19 Y este fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron donde él
desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: «¿Quién eres tú?»
20 El confesó, y no negó; confesó: «Yo no soy el Cristo».
21 Y le preguntaron: «¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías?» El dijo: «No lo soy».
– «¿Eres tú el profeta?» Respondió: «No».
22 Entonces le dijeron: «¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a
los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?»
23 Dijo él: «Yo soy voz del que clama en el desierto: Rectificad el
camino del Señor, como dijo el profeta Isaías».
24 Los enviados eran fariseos.
25 Y le preguntaron: «¿Por qué, pues, bautizas, si no eres tú el Cristo ni
Elías ni el profeta?»
26 Juan les respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros
está uno a quien no conocéis,

27 que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la
correa de su sandalia».
28 Esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, donde estaba Juan
bautizando.
29 Al día siguiente ve a Jesús venir hacia él y dice: «He ahí el Cordero
de Dios, que quita el pecado del mundo.
30 Este es por quien yo dije: Detrás de mí viene un hombre, que se ha
puesto delante de mí, porque existía antes que yo.
31 Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que él sea
manifestado a Israel».
32 Y Juan dio testimonio diciendo: «He visto al Espíritu que bajaba
como una paloma del cielo y se quedaba sobre él.
33 Y yo no le conocía pero el que me envió a bautizar con agua, me
dijo: “Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él,
ése es el que bautiza con Espíritu Santo.”

34 Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios».

35 Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos.
36 Fijándose en Jesús que pasaba, dice: «He ahí el Cordero de Dios».
37 Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús.
38 Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: «¿Qué buscáis?» Ellos le respondieron:
«Rabbí – que quiere decir, “Maestro” – ¿dónde vives?»
39 Les respondió: «Venid y lo veréis». Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con
él aquel día. Era más o menos la hora décima.

40 Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y
habían seguido a Jesús.
41 Este se encuentra primeramente con su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado
al Mesías» – que quiere decir, Cristo.
42 Y le llevó donde Jesús. Jesús, fijando su mirada en él, le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de
Juan; tú te llamarás Cefas» – que quiere decir, “Piedra”.
43 Al día siguiente, Jesús quiso partir para Galilea. Se encuentra con Felipe y le dice:
«Sígueme».
44 Felipe era de Bestsaida, de la ciudad de Andrés y Pedro.
45 Felipe se encuentra con Natanael y le dice: «Ese del que escribió Moisés en la Ley, y
también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret».
46 Le respondió Natanael: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?» Le dice Felipe: «Ven y
lo verás».
47 Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en
quien no hay engaño».
48 Le dice Natanael: «¿De qué me conoces?» Le respondió Jesús: «Antes de que Felipe te
llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi».
49 Le respondió Natanael: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».
50 Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver
cosas mayores».
51 Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios
subir y bajar sobre el Hijo del hombre».

CAPÍTULO 2

1 Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba
allí la madre de Jesús.
2 Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos.
3 Y, como faltara vino, porque se había acabado el vino de la boda, le
dice a Jesús su madre: «No tienen vino».
4 Jesús le responde: «¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha
llegado mi hora».
5 Dice su madre a los sirvientes: «Haced lo que él os diga».
6 Había allí seis tinajas de piedra, puestas para las purificaciones de los
judíos, de dos o tres medidas cada una.
7 Les dice Jesús: «Llenad las tinajas de agua». Y las llenaron hasta
arriba.
8 «Sacadlo ahora, les dice, y llevadlo al maestresala». Ellos lo llevaron.
9 Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, como
ignoraba de dónde era (los sirvientes, los que habían sacado el agua, sí
que lo sabían), llama el maestresala al novio
10 y le dice: «Todos sirven primero el vino bueno y cuando ya están
bebidos, el inferior. Pero tú has guardado el vino bueno hasta ahora».
11 Así, en Caná de Galilea, dio Jesús comienzo a sus señales. Y
manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos.
12 Después bajó a Cafarnaúm con su madre y sus hermanos y sus
discípulos, pero no se quedaron allí muchos días.

13 Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén

14 Y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los
cambistas en sus puestos.
15 Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los
bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas;
16 y dijo a los que vendían palomas: «Quitad esto de aquí. No hagáis de la Casa de mi
Padre una casa de mercado».
17 Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: El celo por tu Casa me devorará.
18 Los judíos entonces le replicaron diciéndole: «Qué señal nos muestras para obrar así?»
19 Jesús les respondió: «Destruid este Santuario y en tres días lo levantaré».
20 Los judíos le contestaron: «Cuarenta y seis años se han tardado en construir este
Santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»
21 Pero él hablaba del Santuario de su cuerpo.
22 Cuando resucitó, pues, de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había
dicho eso, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús.
23 Mientras estuvo en Jerusalén, por la fiesta de la Pascua, creyeron muchos en su nombre
al ver las señales que realizaba.
24 Pero Jesús no se confiaba a ellos porque los conocía a todos
25 y no tenía necesidad de que se le diera testimonio acerca de los hombres, pues él
conocía lo que hay en el hombre.
16 Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que
todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
17 Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al
mundo, sino para que el mundo se salve por él.

CAPÍTULO 3

1 Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado judío.
2 Fue éste donde Jesús de noche y le dijo: «Rabbí, sabemos que has venido de Dios como
maestro, porque nadie puede realizar las señales que tú realizas si Dios no está con él».
3 Jesús le respondió: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto no puede ver

el Reino de Dios».
4 Dícele Nicodemo: «¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra
vez en el seno de su madre y nacer?»
5 Respondió Jesús: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no
puede entrar en el Reino de Dios.
6 Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu.
7 No te asombres de que te haya dicho: Tenéis que nacer de lo alto.
8 El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va.
Así es todo el que nace del Espíritu».
9 Respondió Nicodemo: «¿Cómo puede ser eso?»
10 Jesús le respondió: «Tú eres maestro en Israel y ¿no sabes estas cosas?
11 «En verdad, en verdad te digo: nosotros hablamos de lo que sabemos y damos
testimonio de lo que hemos visto, pero vosotros no aceptáis nuestro testimonio.
12 Si al deciros cosas de la tierra, no creéis, ¿cómo vais a creer si os digo cosas del cielo?
13 Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.
14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del
hombre,
15 para que todo el que crea tenga por él vida eterna.

16 Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que
todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
17 Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al
mundo, sino para que el mundo se salve por él.

18 El que cree en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado,
porque no ha creído en el Nombre del Hijo Único de Dios.
19 Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que
la luz, porque sus obras eran malas.
20 Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean
censuradas sus obras.
21 Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están
hechas según Dios».
22 Después de esto, se fue Jesús con sus discípulos al país de Judea; y allí se estaba con
ellos y bautizaba.
23 Juan también estaba bautizando en Ainón, cerca de Salim, porque había allí mucha agua,
y la gente acudía y se bautizaba.
24 Pues todavía Juan no había sido metido en la cárcel.
25 Se suscitó una discusión entre los discípulos de Juan y un judío acerca de la purificación.
26 Fueron, pues, donde Juan y le dijeron: «Rabbí, el que estaba contigo al otro lado del
Jordán, aquel de quien diste testimonio, mira, está bautizando y todos se van a él».
27 Juan respondió: «Nadie puede recibir nada si no se le ha dado del cielo.
28 Vosotros mismos me sois testigos de que dije: “Yo no soy el Cristo, sino que he sido
enviado delante de él.”
29 El que tiene a la novia es el novio; pero el amigo del novio, el que asiste y le oye, se
alegra mucho con la voz del novio. Esta es, pues, mi alegría, que ha alcanzado su plenitud.
30 Es preciso que él crezca y que yo disminuya.
31 El que viene de arriba está por encima de todos: el que es de la tierra, es de la tierra y
habla de la tierra. El que viene del cielo,
32 da testimonio de lo que ha visto y oído, y su testimonio nadie lo acepta.
33 El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz.
34 Porque aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, porque da el Espíritu
sin medida.
35 El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en su mano.
36 El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que rehúsa creer en el Hijo, no verá la vida,
sino que la cólera de Dios permanece sobre él».

CAPÍTULO 4

1 Cuando Jesús se enteró de que había llegado a oídos de los fariseos que él hacía más
discípulos y bautizaba más que Juan –
2 aunque no era Jesús mismo el que bautizaba, sino sus discípulos -,
3 abandonó Judea y volvió a Galilea.
4 Tenía que pasar por Samaria.
5 Llega, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, cerca de la heredad que Jacob dio a su
hijo José.
6 Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, como se había fatigado del camino, estaba sentado
junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta.
7 Llega una mujer de Samaria a sacar agua. Jesús le dice: «Dame de beber».
8 Pues sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar comida. Le dice a la mujer
samaritana:
9 «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?»
(Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.)
10 Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: “Dame de
beber”, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva».

11 Le dice la mujer: «Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues,
tienes esa agua viva?
12 ¿Es que tú eres más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo, y de él bebieron él y
sus hijos y sus ganados?»
13 Jesús le respondió: «Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed;
14 pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le
dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna».
15 Le dice la mujer: «Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed y no tenga que
venir aquí a sacarla».
16 El le dice: «Vete, llama a tu marido y vuelve acá».
17 Respondió la mujer: «No tengo marido». Jesús le dice: «Bien has dicho que no tienes
marido,
18 porque has tenido cinco maridos y el que ahora tienes no es marido tuyo; en eso has
dicho la verdad».
19 Le dice la mujer: «Señor, veo que eres un profeta.
20 Nuestros padres adoraron en este monte y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar
donde se debe adorar».
21 Jesús le dice: «Créeme, mujer, que llega la hora en que, ni en este monte, ni en Jerusalén
adoraréis al Padre.
22 Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la
salvación viene de los judíos.
23 Pero llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al
Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren.
24 Dios es espíritu, y los que adoran, deben adorar en espíritu y verdad».

25 Le dice la mujer: «Sé que va a venir el Mesías, el llamado Cristo. Cuando venga, nos lo
explicará todo».
26 Jesús le dice: «Yo soy, el que te está hablando».
27 En esto llegaron sus discípulos y se sorprendían de que hablara con una mujer. Pero
nadie le dijo: «¿Qué quieres?» o «¿Qué hablas con ella?»
28 La mujer, dejando su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente:
29 «Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Cristo?»
30 Salieron de la ciudad e iban donde él.
31 Entretanto, los discípulos le insistían diciendo: «Rabbí, come».
32 Pero él les dijo: «Yo tengo para comer un alimento que vosotros no sabéis».
33 Los discípulos se decían unos a otros: «¿Le habrá traído alguien de comer?»
34 Les dice Jesús: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo
su obra.
35 ¿No decís vosotros: Cuatro meses más y llega la siega? Pues bien, yo os digo: Alzad
vuestros ojos y ved los campos, que blanquean ya para la siega. Ya
36 el segador recibe el salario, y recoge fruto para vida eterna, de modo que el sembrador se
alegra igual que el segador.
37 Porque en esto resulta verdadero el refrán de que uno es el sembrador y otro el segador:
38 yo os he enviado a segar donde vosotros no os habéis fatigado. Otros se fatigaron y
vosotros os aprovecháis de su fatiga».
39 Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por las palabras de la mujer que
atestiguaba: «Me ha dicho todo lo que he hecho».
40 Cuando llegaron donde él los samaritanos, le rogaron que se quedara con ellos. Y se
quedó allí dos días.

41 Y fueron muchos más los que creyeron por sus palabras,
42 y decían a la mujer: «Ya no creemos por tus palabras; que nosotros mismos hemos oído
y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo».43 Pasados los dos días, partió de allí para Galilea.
44 Pues Jesús mismo había afirmado que un profeta no goza de estima en su patria.
45 Cuando llegó, pues, a Galilea, los galileos le hicieron un buen recibimiento, porque
habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos
habían ido a la fiesta.
46 Volvió, pues, a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un
funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaúm.
47 Cuando se enteró de que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue donde él y le rogaba
que bajase a curar a su hijo, porque se iba a morir.
48 Entonces Jesús le dijo: «Si no veis señales y prodigios, no creéis».

49 Le dice el funcionario: «Señor, baja antes que se muera mi hijo».
50 Jesús le dice: «Vete, que tu hijo vive». Creyó el hombre en la palabra que Jesús le había
dicho y se puso en camino.
51 Cuando bajaba, le salieron al encuentro sus siervos, y le dijeron que su hijo vivía.
52 El les preguntó entonces la hora en que se había sentido mejor. Ellos le dijeron: «Ayer a
la hora séptima le dejó la fiebre».
53 El padre comprobó que era la misma hora en que le había dicho Jesús: «Tu hijo vive», y
creyó él y toda su familia.
54 Esta nueva señal, la segunda, la realizó Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.

CAPÍTULO 5

1 Después de esto, hubo una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.
2 Hay en Jerusalén, junto a la Probática, una piscina que se llama en hebreo Betesda, que
tiene cinco pórticos.
3 En ellos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, esperando la agitación
del agua.
4 Porque el Angel del Señor bajaba de tiempo en tiempo a la piscina y agitaba el agua; y el
primero que se metía después de la agitación del agua, quedaba curado de cualquier mal
que tuviera.
5 Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.
6 Jesús, viéndole tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dice: «¿Quieres
curarte?»
7 Le respondió el enfermo: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se

agita el agua; y mientras yo voy, otro baja antes que yo».
8 Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y anda».
9 Y al instante el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar. Pero era sábado
aquel día.
10 Por eso los judíos decían al que había sido curado: «Es sábado y no te está permitido
llevar la camilla».
11 El le respondió: «El que me ha curado me ha dicho: Toma tu camilla y anda».
12 Ellos le preguntaron: «¿Quién es el hombre que te ha dicho: Tómala y anda?»
13 Pero el curado no sabía quién era, pues Jesús había desaparecido porque había mucha
gente en aquel lugar.
14 Más tarde Jesús le encuentra en el Templo y le dice: «Mira, estás curado; no peques más,
para que no te suceda algo peor».
15 El hombre se fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado.
16 Por eso los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado.
17 Pero Jesús les replicó: «Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo».
18 Por eso los judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no sólo quebrantaba
el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios.

19 Jesús, pues, tomando la palabra, les decía: «En verdad, en verdad os digo: el Hijo no
puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace él, eso también
lo hace igualmente el Hijo.
20 Porque el Padre quiere al Hijo y le muestra todo lo que él hace. Y le mostrará obras aún
mayores que estas, para que os asombréis.
21 Porque, como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la
vida a los que quiere.
22 Porque el Padre no juzga a nadie; sino que todo juicio lo ha entregado al Hijo,
23 para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra
al Padre que lo ha enviado.
24 En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado,
tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida.
25 En verdad, en verdad os digo: llega la hora (ya estamos en ella), en que los muertos
oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán.
26 Porque, como el Padre tiene vida en sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener vida
en sí mismo,
27 y le ha dado poder para juzgar, porque es Hijo del hombre.
28 No os extrañéis de esto: llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán
su voz
29 y saldrán los que hayan hecho el bien para una resurrección de vida, y los que hayan
hecho el mal, para una resurrección de juicio.
30 Y no puedo hacer nada por mi cuenta: juzgo según lo que oigo; y mi juicio es justo,
porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.
31 «Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no sería válido.

32 Otro es el que da testimonio de mí, y yo sé que es válido el testimonio que da de mí.
33 Vosotros mandasteis enviados donde Juan, y él dio testimonio de la verdad.
34 No es que yo busque testimonio de un hombre, sino que digo esto para que os salvéis.
35 El era la lámpara que arde y alumbra y vosotros quisisteis recrearos una hora con su luz.
36 Pero yo tengo un testimonio mayor que el de Juan; porque las obras que el Padre me ha
encomendado llevar a cabo, las mismas obras que realizo, dan testimonio de mí, de que el
Padre me ha enviado.
37 Y el Padre, que me ha enviado, es el que ha dado testimonio de mí. Vosotros no habéis
oído nunca su voz, ni habéis visto nunca su rostro,
38 ni habita su palabra en vosotros, porque no creéis al que El ha enviado.
39 «Vosotros investigáis las escrituras, ya que creéis tener en ellas vida eterna; ellas son las
que dan testimonio de mí;
40 y vosotros no queréis venir a mí para tener vida.
41 La gloria no la recibo de los hombres.
42 Pero yo os conozco: no tenéis en vosotros el amor de Dios.
43 Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viene en su propio
nombre, a ése le recibiréis.
44 ¿Cómo podéis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros, y no buscáis la gloria
que viene del único Dios?
45 No penséis que os voy a acusar yo delante del Padre. Vuestro acusador es Moisés, en
quién habéis puesto vuestra esperanza.
46 Porque, si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque él escribió de mí.

47 Pero si no creéis en sus escritos, cómo vais a creer en mis palabras?»

CAPÍTULO 6

1 Después de esto, se fue Jesús a la otra ribera del mar de Galilea, el de
Tiberíades,
2 y mucha gente le seguía porque veían las señales que realizaba en los
enfermos.

3 Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos.
4 Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos.
5 Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia él mucha gente, dice a
Felipe: «¿Donde vamos a comprar panes para que coman éstos?»
6 Se lo decía para probarle, porque él sabía lo que iba a hacer.
7 Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que
cada uno tome un poco».
8 Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro:
9 «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces;
pero ¿qué es eso para tantos?»
10 Dijo Jesús: «Haced que se recueste la gente». Había en el lugar
mucha hierba. Se recostaron, pues, los hombres en número de unos
5.000.
11 Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió
entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que
quisieron.
12 Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los trozos
sobrantes para que nada se pierda».

13 Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los
cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido.
14 Al ver la gente la señal que había realizado, decía: «Este es
verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo».
15 Dándose cuenta Jesús de que intentaban venir a tomarle por la
fuerza para hacerle rey, huyó de nuevo al monte él solo.

16 Al atardecer, bajaron sus discípulos a la orilla del mar,
17 y subiendo a una barca, se dirigían al otro lado del mar, a Cafarnaúm. Había ya
oscurecido, y Jesús todavía no había venido donde ellos;
18 soplaba un fuerte viento y el mar comenzó a encresparse.
19 Cuando habían remado unos veinticinco o treinta estadios, ven a Jesús que caminaba
sobre el mar y se acercaba a la barca, y tuvieron miedo.
20 Pero él les dijo: «Soy yo. No temáis».
21 Quisieron recogerle en la barca, pero en seguida la barca tocó tierra en el lugar a donde
se dirigían.
22 Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar, vio que allí no había
más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus discípulos, sino que
los discípulos se habían marchado solos.
23 Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan.
24 Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las
barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús.
25 Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: «Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?»
26 Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque
habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado.

27 Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida
eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha
marcado con su sello».
28 Ellos le dijeron: «¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?»
29 Jesús les respondió: «La obra de Dios es que creáis en quien él ha enviado».
30 Ellos entonces le dijeron: «¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra
realizas?
31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les
dio a comer».
32 Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan
del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo;
33 porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo».
34 Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan».
35 Les dijo Jesús: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que
crea en mí, no tendrá nunca sed.
36 Pero ya os lo he dicho: Me habéis visto y no creéis.
37 Todo lo que me dé el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera;
38 porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha
enviado.
39 Y esta es la voluntad del que me ha enviado; que no pierda nada de lo que él me ha
dado, sino que lo resucite el último día.
40 Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga
vida eterna y que yo le resucite el último día».

41 Los judíos murmuraban de él, porque había dicho: «Yo soy el pan que ha bajado del
cielo».
42 Y decían: «¿No es éste Jesús, hijo de José, cuyo padre y madre conocemos? ¿Cómo
puede decir ahora: He bajado del cielo?»
43 Jesús les respondió: «No murmuréis entre vosotros.
44 «Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y yo le resucitaré el
último día.
45 Está escrito en los profetas: Serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha al
Padre y aprende, viene a mí.
46 No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que ha venido de Dios, ése ha visto al
Padre.
47 En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna.
48 Yo soy el pan de la vida.
49 Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron;
50 este es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera.
51 Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el
pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo».
52 Discutían entre sí los judíos y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
53 Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre,
y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
54 El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día.
55 Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida.
56 El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él.

57 Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que
me coma vivirá por mí.
58 Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el
que coma este pan vivirá para siempre».
59 Esto lo dijo enseñando en la sinagoga, en Cafarnaúm.60 Muchos de sus discípulos, al oírle, dijeron: «Es duro este lenguaje. ¿Quién puede
escucharlo?»
61 Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo:
«¿Esto os escandaliza?
62 ¿Y cuando veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes?…

62 ¿Y cuando veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes?…
63 «El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho
son espíritu y son vida.
64 «Pero hay entre vosotros algunos que no creen». Porque Jesús sabía desde el principio
quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar.
65 Y decía: «Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre».
66 Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él.
67 Jesús dijo entonces a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?»
68 Le respondió Simón Pedro: «Señor, ¿donde quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida
eterna,
69 y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios».
70 Jesús les respondió: «¿No os he elegido yo a vosotros, los Doce? Y uno de vosotros es
un diablo».
71 Hablaba de Judas, hijo de Simón Iscariote, porque éste le iba a entregar, uno de los
Doce.

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